diciembre 12, 2006

Bisagra de la noche tu cuerpo

poema es el atajo de no verte

El universo




Tacio examina sin susto grillos inmensos,
se atolondra de universo.
Su examen del susto hace de estos invasores
réplica de un sueño en que invisible
arrojo cucharadas de bicarbonato
contra una puerta de nombres.
No sé si fue soledad u olor a sombra
cuando me hablabas en los ojos;
obvia de términos
me cambiabas por una almohada
que lastinunca tu siempredolo.
Era el cuerpo de nosotros que estuvieras aquí
donde Tacio me examina.
¿Deshago la espera o arrojarme es poco?
¿Dónde queda la muerte, a merced de los sueños?

Es una palabra que nos espera...

Suelto, me dejás suelto al grillo azul de la casa;
pena, que chille pena como abrigo de la vergüenza.
Apilaré secretos con lanzas para en julio ser feliz,
qué importa si en septiembre ardió el pan de mi poesía
o inventaste el dolor para no ser olvidada.


Daniel Battilana

agosto 16, 2006

HÁMAGO


Llueve tan bien y pone miedo;
un enorme niño
ayuna a piedra amarga.

La distancia es testigo
de semejante daño.

Una parte de esa tristeza
a manera negra
despide un ligero horror.

Seca ya
la parte extrema de los dedos
la tarde se empeora...

Una niña consagra sus ojos
a la noche, apenas un trago
en la imperfecta espera.

Llueve tan bien
que es cosa seria,
no tengo palabras en la fuerza.

El agua inaugural
estaña un peligroso brillo
de madera.

Nadie olvida ya
y en los párpados
cicatriza el tiempo.


Daniel A. Battilana
(Vulnerario)

julio 21, 2006

HOMOTEXTUS


Yo esperaba el aguacero de la intimidad.

Hundido en su tronar eléctrico
llenaba mis sentidos de horas,
capaces de irritar lo invisible.

Por extraña, me sacudí tu voz
de toda lengua textual.

Siempre queda la noche
donde la puso el delirio tenso de los significados
y en álabe de mi brazo signifiqué que estuvieras
tensa para mis manos.

Lo sagrado es ancho y deja que lo habiten tus dedos.
(se deja por tus dedos)

Qué no hice oculto en la delgada apariencia de lo simple,
porque no haga tu boca una intemperie conmigo.

Acaba el día
en un acto infecundo de fe partida sin nosotros,
el acecho de la resistencia no tiene cuerpos.

Yo esperaba el aguacero de la intimidad.

Siempre queda la noche
donde te puse el delirio.